Candidiasis, Cáncer cervical, Citomegalovirus, infec. indestinales

 

El ViH está asociado a la aparición de un número variable de otras enfermedades, que pueden ser más leves y pasajeras o más graves y duraderas. Conocer bajo qué condiciones suelen manifestarse y cómo te ayudará a tomar decisiones sobre su prevención y tratamiento.

 


Candidiasis

 

La candidiasis o micosis candidiásica es una enfermedad causada por el hongo Candida albicans. Se trata de una infección oportunistas, puesto que se manifiesta y progresa cuando el sistema inmune está muy deteriorado por el avance de la infección por VIH. Las infecciones oportunistas pueden estar causadas por distintos tipos de microorganismos como virus, bacterias, hongos y parásitos.

Este hongo está presente en todas las personas, en la piel y en el interior del cuerpo (estómago, boca, garganta, colon, recto, vagina). Normalmente la candida albicans es inofensiva y, es más, ayuda a mantener el nivel bacteriano adecuado en piel y mucosas.

Todas las personas pueden tener candidiasis. Muchas mujeres desarrollan infecciones vaginales por hongos. Esto también puede ocurrir en la garganta o en la boca. Algunos factores como el estrés, una mala alimentación o descansar insuficientemente pueden contribuir y empeorar estos problemas. Tomar antibióticos por períodos prolongados de tiempo también puede ser la causas del desarrollo de candidas en la boca o en la vagina.

Otros factores como el consumo frecuente de alcohol, una higiene dental deficiente, fumar o el consumo de azúcar y levaduras, se han relacionado con la aparición y desarrollo de cándidas.

En las personas con VIH la aparición de cándidas orales o vaginales pueden presentarse en cualquier momento, independientemente del recuento de CD4. Proporcionalmente a lo dañado que se encuentre el sistema inmune la aparición y recurrencia de candidiasis será más probable.

Las personas con recuentos de CD4 inferiores a 200 células/mm3 también tienen mayores probabilidades de desarrollar candidiasis en áreas más profundas del cuerpo, cómo el esófago y los pulmones.

Candidiasis oral: La candidiasis oral se manifiesta como manchas de color blanco o entre rojo y rosáceo en la lengua, encías, paredes laterales y posterior de la boca. Los síntomas incluyen sensación dolorosa de ardor en la boca o la garganta, alteración del sabor y dificultad para tragar. La candidiasis oral puede llegar a causar grietas, hendiduras y úlceras en las paredes laterales de la boca.

Candidiasis vaginal: el síntoma más vistoso de una infección vaginal por candidas es la aparición de un flujo blanco y espeso. Puede causar picor o escozor dentro o alrededor de la vagina y enrojecimiento e hipersensibilidad de los labios mayores de la vagina.

Candidiasis esofágica: aparece en la profundidad de la garganta y en el esófago (que conduce al estómago). No siempre es visible cuando se mira dentro de la boca. Puede causar dolor en el pecho y dificultad y dolor al tragar. Este tipo de infección es mucho más común en persona con el sistema inmunológico seriamente debilitado.

La candidiasis se diagnostica a través de la exploración de la boca, garganta o vagina. En algunas ocasiones puede tomarse una muestra para analizarla en el laboratorio.

Para poder ver las aftas en la parte inferior de la garganta se pueden utilizar un endoscopio o rayos X.

La candidiasis se trata con medicamentos antifúngicos, también llamados antimicóticos como clotrimazol, nistatin, fluconazol, itraconazol, ketoconazol. En caso de resistencia puede tratarse con amfotericina B.

Para tratar la candidiasis vaginal también se puede usar medicamentos en crema o en supositorios. Estos medicamentos son: clotrimazol, miconazol, terconazol, tioconazol, butoconazol. Una opción simple es la toma de una dosis única de fluconazol.

No se recomienda el tratamiento profiláctico con antifúngicos por la facilidad en que pueden desarrollarse resistencias.

 

 

Cáncer cervical

 

Las lesiones precancerosas de cuello uterino  son las precursoras del cáncer cervical y la infección por el virus del Papiloma humano (VPH) es el factor de riesgo más importante para su desarrollo. El cáncer cervical está considerado oficialmente una enfermedad definitoria de SIDA.

 

Lesiones precancerosas de cuello uterino y Cáncer cervical

Las lesiones precancerosas de cuello uterino  son las precursoras del cáncer cervical y la infección por el virus del Papiloma humano (VPH) es el factor de riesgo más importante para su desarrollo. El cáncer cervical está considerado oficialmente una enfermedad definitoria de SIDA.

El cuello del útero está situado en la parte inferior del útero (o matriz)

El VPH puede causar verrugas (protuberancias pequeñas, salientes y duras que crecen en grupos, se pueden palpar con el dedo y son visibles a simple vista), que se forman en o alrededor de la vagina o el ano. Estas verrugas también se denominan condylomata acuminata ocondilomas. Las verrugas genitales casi nunca se transforman en cáncer, pero su presencia puede significar que también exista displasia precancerosa, lo que requiere un análisis específico.

 

¿Qué son las lesiones precancerosas de cuello uterino?

Son las manifestaciones ginecológicas más importantes y comunes en las mujeres que viven con VIH. Se presentan en forma de las llamadas lesiones escamosas intraepiteliales de cerviz o neoplasia intraepitelial cervical (CIN, en sus siglas en inglés).  Estas lesiones se dividen en CIN de bajo grado o (CIN-I) o CIN de alto grado (CIN-II o III). El grado de la displasia se define a partir del grosor de las células anómalas dentro de la pared cervical.

Las lesiones precancerosas de cerviz también se denominan displasia cervical y consiste en la presencia de células anómalas en el cuello del útero.

En las mujeres seronegativas, las lesiones precancerosas de cerviz se curan en la gran mayoría de los casos tras su tratamiento. No obstante, las mujeres que viven con VIH presentan resultados menos satisfactorios y sobre todo altos índices de recurrencia de estas lesiones. La recurrencia o la persistencia de las lesiones cervicales precancerosas están íntimamente relacionadas con el grado de inmunosupresión.

No todas las mujeres que presentan lesiones precancerosas de cuello uterino van a desarrollar cáncer cervical. Muchas de las lesiones CIN de bajo grado (CIN I) remiten espontáneamente y no necesitan tratamiento.

 

¿Qué es el cáncer cervical?

El carcinoma invasivo de cuello uterino o cáncer cervical, a diferencia de las lesiones precancerosas, produce síntomas clínicos y se suele presentar en la forma de una masa cervical, extendida o no a las estructuras adyacentes. La presencia de adenopatías inguinales (inflamación de ganglios en las ingles) y de edemas (hinchazón por acumulación de líquidos), normalmente en las piernas, indica que la enfermedad se ha extendido (metástasis).

En mujeres con infección por VIH, las metástasis (diseminación del cáncer a otras partes del cuerpo) ocurren con mayor frecuencia y rapidez que en las mujeres seronegativas y aparecen además en regiones poco comunes.

 

¿Cuál es la causa?

La infección cervical por el virus del papiloma humano (VPH) es el factor de riesgo más importante en el desarrollo de las lesiones precancerosas y el cáncer cervical, asociadas a los subtipos oncogénicos (que pueden causar cáncer) del VPH.

El virus del papiloma humano (VPH) es el nombre que designa a una familia de virus que incluye más de 100 subtipos de los cuales más de 30 se transmiten por vía sexual. Algunos de estos subtipos provocan verrugas genitales y anales, otros (16, 18, 31, 33) pueden provocar cáncer cervical en mujeres, o cáncer anal en personas de ambos sexos.

 

¿Cuáles son los síntomas de las lesiones precancerosas de cuello uterino?

Las lesiones precancerosas de cuello uterino generalmente no dan lugar a síntomas evidentes.

 

¿Cuáles son los síntomas del cáncer cervical?

El carcinoma invasivo de cuello uterino a diferencia de las lesiones precancerosas, da lugar a síntomas clínicos (visibles). Los síntomas más frecuentes del cáncer cervical son: la hemorragia vaginal intermitente, la coitorragia (sangrado durante el coito) y el flujo vaginal aumentado y maloliente.  Otros síntomas que se relacionan más frecuentemente con la enfermedad avanzada son: el dolor pélvico (en la zona baja del vientre), el dolor en la zona lumbar o en las extremidades inferiores y alteraciones en la micción y en las deposiciones.

 

¿Cómo se diagnostican las lesiones precancerosas de cuello uterino y el cáncer cervical?

Un análisis de sangre basta para conocer si una persona está infectada por el VPH. No obstante, la presencia del VPH no significa que una persona vaya a desarrollar lesiones precancerosas o cáncer cervical.

Según las recomendaciones oficiales, las mujeres con VIH han de realizarse revisiones con citología (Papanicolau) cada seis meses tras el diagnóstico y anualmente, una vez han obtenido dos resultados negativos consecutivos. Pese a estas recomendaciones, muchos médicos/as recomiendan hacer una citología cada seis meses debido al alto número de falsos negativos encontrados en las citologías de las mujeres con infección por VIH.

La citología consiste en tomar una muestra del cuello del útero que se examina bajo el microscopio.

La presencia de enfermedades de transmisión sexual (ETS) produce alteraciones en la superficie de las células de la mucosa cervical y/o inflamación de esta mucosa que pueden dar lugar a falsos negativos en la citología, ocultando la presencia de lesiones precancerosas.

En caso de que se detecten anomalías en la citología, se practican otros exámenes (colposcopia, biopsias, exploración anogenital detallada) para determinar la presencia de cáncer cervical.

 

¿Cuál es el tratamiento para las lesiones precancerosas de cuello uterino?

Las lesiones precancerosas de cuello uterino se tratan mediante técnicas de escisión. Estas técnicas, que también reciben el nombre de tratamiento ablativo consisten en incidir sobre la lesión para extraerla.
Las neoplasias de bajo grado rara vez progresan a
neoplasia de alto grado o a cáncer cervical, por ello no requieren tratamiento y el médico/a normalmente se limita ha hacer un seguimiento de la lesión en las visitas.

Las neoplasias de grado II y III han de tratarse mediante la extirpación con asa eléctrica, láser o crioterapia. Estas técnicas son muy eficaces si se puede observar toda la lesión y la zona adyacente mediante colposcopia y si no existe afectación intracervical. En las mujeres que no cumplen estos criterios, la técnica de elección sigue siendo la conización cervical.

También existen medicamentos para el tratamiento de algunas de las lesiones. Estos fármacos a veces se utilizan en apoyo del tratamiento escisional.

TARGAse demostrado que la administración de TARGA junto al tratamiento escisional reduce los índices de recurrencia del CIN.

 

¿Cuál es el tratamiento para el cáncer cervical?

El cáncer cervical se trata como cualquier otra forma de cáncer. Se usa la cirugía y/o radioterapia para extirpar y destruir la zona anómala. En algunos casos, se emplea quimioterapia, aunque su eficacia es limitada en mujeres con VIH.

La radioterapia puede usarse como único tratamiento en estadios iniciales del cáncer pero normalmente se usa como terapia complementaria a la cirugía.

 Las vacunas del VPH para las lesiones intraepiteliales cervicales y el cáncer cervical

Actualmente disponemos de dos vacunas que protegen de los subtipos de mayor riesgo del VPH (Gardasil, subtipos 6, 11, 16 y 18; Cervarix subtipos 16 y 18). Ambas vacunas tienen una eficacia entorno al 95% frente a la infección primaria de los subtipos de alto riesgo del VPH, que suponen aproximadamente el 70% de los cánceres cervicales.

Las directrices recomiendan la vacunación rutinaria del VPH a niñas de 11 y 12 años de edad, aunque niñas de 9 años de edad también podrían vacunarse. La vacunatambién está recomendada para las jóvenes de edades comprendidas entre los 13 y 18 años con el fin recuperar dosis perdidas o completar la serie de vacunación. La vacuna del VPH no se recomienda actualmente a mujeres mayores de 26 años.

Por otro lado, aun quedan dudas sobre la durabilidad de la protección de las vacunas, su efecto preventivo en el cáncer, el calendario de vacunaciones y la formulación. Y existe muy poca información sobre la seguridad y la eficacia de estas vacunas en mujeres con VIH. El hecho de que estas mujeres presenten una amplia diversidad de tipos del VPH plantea importantes cuestiones sobre cómo deberían utilizarse estas vacunas preventivas para reducir el riesgo de cáncer cervical.
 
La exploración del CIN y del cáncer cervical debería continuar realizándose tanto en mujeres vacunadas como en las no vacunadas, de acuerdo con las directrices actuales sobre detección precoz.

Si quieres ver esta información ampliada puedes consultar:
http://gtt-vih.org/actualizate/la_noticia_del_dia/02-02-07

Si quieres más información sobre el tema, consulta:
http://gtt-vih.org/actualizate/actualizacion_en_tratamientos/31-07-06

http://gtt-vih.org/actualizate/actualizacion_en_tratamientos/15-12-06

 

 

Citomegalovirus

 

Habitualmente conocida como CMV, se trata de una infección causada por un virus de tipo herpético, perteneciente a la familia del virus de herpes zoster (causante de varicela y de lesiones por herpes) y del herpes simple I (causante de las úlceras bucales).

Está incluida en la categoría de infecciones oportunistas, puesto que se manifiesta y progresa cuando el sistema inmune está muy deteriorado por el avance de la infección por VIH. Las infecciones oportunistas pueden estar causadas por distintos tipos de microorganismos como virus, bacterias, hongos y parásitos.

Una gran parte de la población está infectada con éste virus, no obstante esto no representa un problema a menos que el sistema inmune se encuentre debilitado. Por debajo de 50 CD4, se corre mayor peligro de desarrollar una enfermedad por CMV. Actualmente existe profilaxis para las personas con VIH que están en riesgo de desarrollar una enfermedad por CMV.

La retinitis por CMV es la enfermedad por citomegalovirus más común entre las personas con VIH. El virus daña la parte posterior del ojo (la retina) y puede provocar visión borrosa, puntos ciegos y/o móviles, y eventualmente desprendimiento de retina y ceguera. Muchas veces estos problemas permanecen como secuelas permanentes, aunque el tratamiento haya tenido éxito.

Otros tipos de enfermedad por CMV son:

Colitis por CMV: Afecta al colon y se relaciona con síntomas como dolor abdominal, pérdida de peso, diarrea y calambres. Esta enfermedad por CMV es la segunda más frecuente después de la retinitis y se ha observado también en personas con recuentos mayores a 50 CD4. 

Encefalitis por CMV: Causa daño en el cerebro y en condiciones de inmunosupresión grave puede causar la muerte.

Radiculopatía por CMV: afecta a los nervios. Puede causar dolor u hormigueo en las extremidades, especialmente en las piernas y en los pies.

Gastritis por CMV: la afectación se produce en el intestino delgado y en el estómago. Los síntomas son similares a los que se dan en la colitis por CMV.

Esofagitis por CMV: el CMV provoca daño en la garganta, que puede
causar dolor al tragar, dolor en el pecho e hipo.

El CMV se trata con antivirales muy potentes. Como otros tantos virus no se elimina del cuerpo, pero se puede tratar para que no cause enfermedad. El tratamiento de las diferentes enfermedades causadas por el CMV varía dependiendo del órgano que esté afectado. Los fármacos usados en el tratamiento del CMV son: foscarnet, ganciclovir, cidofovir, valganciclovir y fomivirsen.

El CMV se trasmite por vía sexual a través del semen y las secreciones vaginales, así como de la sangre o la saliva. También puede trasmitirse en un trasplante de órganos y de madre a hijo/a durante al parto o la lactancia

 

 

Criptosporidiosis y otras infecciones intestinales

Cryptosporidium parvum, Isospora belli, Microsporidia, Cyclospora, Giardia lamblia, son algunos de los nombres de los parásitos que pueden infectar el intestino de personas con VIH. Sus síntomas principales son la diarrea y la pérdida de peso y se consideran infecciones oportunistas, puesto que se manifiestan y progresan de forma más agresiva cuando el sistema inmune está muy deteriorado por el avance de la infección por VIH. En general, las infecciones oportunistas pueden estar causadas por distintos tipos de microorganismos como virus, bacterias, hongos y parásitos.

Los parásitos que causan infección intestinal, como elCryptosporidium, se transmiten a través de alimentos y agua contaminados con materia fecal de animales. La infección también puede pasar de una persona a otra a través del contacto sexual oral-anal.

Cualquier persona expuesta a estos parásitos puede contraer la enfermedad, en personas con un sistema inmune competente esto se reduce a unos días de diarrea y  problemas de mala absorción. En personas con VIH y con un sistema inmune debilitado (recuentos de CD4inferiores a 100) los episodios pueden ser más prolongados y graves, así como difíciles de tratar.

Los síntomas de este tipo de infecciones son: diarrea acuosa, dolores abdominales, náuseas, vómitos, pérdida de peso, pérdida de apetito, deshidratación y flatulencia.

Normalmente se diagnostican mediante el análisis de las heces. Es importante saber de qué parásito se trata puesto que en cada caso el tratamiento será diferente.

Se han realizado estudios clínicos en la búsqueda de un tratamiento efectivo para tratar Cryptosporidium, pero desgraciadamente no se ha encontrado. En este caso se recomienda intentar aumentar los recuentos de CD4 con el uso de una terapia antirretroviral eficaz.

En el caso de Isospora belli el uso de cotrimoxazol se ha mostrado muy eficaz. También puede ser útil en el caso de Cyclospora. Para Microsporidia, se puede usar albendazol, cotrimoxazol o pirimetamina y primaquina.

Otros parásitos como Giardia lamblia, Entamoeba coli, Endolimax nana Blastocystis hominis también pueden causar diarrea. Pueden tratarse con metronidazol aunque es habitual que se den recaídas. Albendazol es una alternativa a usar, como también lo son la furazolidona, el tinidazol y la quinacrina.

En caso de diarrea hay cosas que pueden hacerse para mejorar los síntomas hasta que la infección se haya eliminado. Puedes aprender algunos trucos en la sección sobre diarrea.

Para prevenir estas infecciones, especialmente cuando los recuentos de CD4 son muy bajos, es importante lavar bien los alimentos que vayan a comerse crudos (como frutas y verduras) dejándolos, por ejemplo, un rato cubiertos de agua y una gota de lejía, evitar comer carnes y pescados crudos o poco hechos, y beber agua embotellada o hervir el agua del de grifo antes beberla.

 

Elaborado por el equipo de GtT